Resulta que estaba en una fiesta, donde un hombre de muy baja estatura, malvado en realidad, maltrataba a su hijo. Tenía una pistola en su mano. Yo lo tomé y le quité la pistola. Lo sometí. Sabía que su hijo seguiría los mismos pasos si alguien no hacía algo.
Ese hombrecillo había hecho daño a mucha gente. Pero que hacer con una pequeña rata así de inmunda? si simplemente lo golpeaba y lo dejaba ir, me buscaría y a traición terminaría conmigo. Debía asesinarlo? debía manchar mis manos? no sabiendo que hacer, lo tomé entre mis brazos y caminé por las calles de lo que parecía mi pueblo natal. Recuerdo que una mujer iba conmigo... pero no recuerdo como ni quien era. Parecía que ella era la razón en mi.
Llegué a una tienda... había mucha gente en la calle, atardecía. Entonces una gran camioneta llegó con hombres vestidos de soldados en ella. Me quedé parado. Supe que moriría baleado, pero me reconfortaba que moriría junto con ese demonio. Lo alzé frente a mi y cerré los ojos. Quería estar seguro de que el moriría. pero entonces no supe si quien tenía entre mis brazos era el hombre o el niño, pareció como si ambos se hubieran convertido en uno solo. Y me lamenté un poco por la posibilidad de que le estuviera haciendo eso a alguien que sólo era un niño.
Las ráfagas de balas sonaban, baleaban todo. La casas, la tienda. Abrí los ojos, un soldado me veía. Cual era su expresión? pareciera que se gozara de que tuviera a alguien así. tal vez pensaba en los estúpido y egoísta que resultaba que yo intentara usar de escudo humano a un enano, o a un niño, o a ambas cosas en realidad, pues... bueno, tal vez es cierto que en un principio ese enano fue un niño. Incluso en el piso pude ver la pistola del enano que de pronto me parecía de juguete.
Disparó, y pude ver la sangre derramarse, y viéndola desde atrás la cabeza del enano las balas atravesaban desprendiendo trozos de cuero cabelludo. Lo bajé suavemente y caminando de espaldas, me escondí detrás de un muro, mi corazón y mi respiración eran muy rápidos.
Más ráfagas de metralleta se escucharon, y entonces... silencio.
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