viernes, 24 de septiembre de 2010

Regaño

De que te sirvió conocer tantos lugares si nunca llevaste de la mano a alguien mientras los recorrías?
de que te sirvió leer tantos libros, si lo que aprendiste no lo aplicaste, ni lo supiste enseñar.
de que te sirvió sufrir tantos golpes, si tus carnes no se ablandaron, si tus prejuicios no se rompieron, si tus lágrimas jamás dejaste brotar.

De que te sirvió? de nada, construiste tu casa pero no mantuviste un hogar, no recorriste tu camino hasta el final, no supiste lo que fue la vida, por que ante tus ojos pasó la belleza y la inocencia, pero tu sólo cargaste con penas y culpas, sin saber apreciar las pequeñas oportunidades que día a día tuviste de apreciar el milagro de la vida.

Si hubieras sabido hacerlo, en cada instante, en el polvo que flota bajo un rayo de luz en un almacén abandonado, en la flor que creció en la grieta más insospechada en la banqueta.

En la oscuridad de tus sueños, bajo ese manto de gritos y de temores, habitaron siempre tus esperanzas, tus ilusiones, que no pudieron salir a flote ante en el mar de tus ambiciones...

Dejaste a un lado la felicidad y la dulzura, por que no pudo ganarle a tu ironía y tu pesimismo, tus sarcasmos fueron más fuertes que las palabras dulces que también conocías. No pudiste ayudar, permitiste la injusticia por conservar tu comodidad. Antes de sanar, de dar la mano, reíste y volteaste la mirada, te entretuviste en nada, y vaciaste tu vida de las cosas que alguna vez realmente valieron la pena.

Acostumbrado a los estímulos fuertes, y a la extrema oscuridad, no pudiste hacer algo que no fuera seguir buscando más, llegando un poco más lejos en tu delirio, en tu posesión voluntaria. Fuiste débil cuando te sentías fuerte, cuando pensaste que eras el mejor y te sabías grande, en realidad eras algo pequeño, lo más pequeño expandido, inflado, como una escultura de barro de paredes delgadas, eras pura imagen, y debajo nada.

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