Hoy gasté mi última barrita de incienso.
Cuando al prendí, supe que con ella se darían por terminadas mis esperanzas, nunca hubo realmente forma de dar marcha atrás. Apagué la luz, y en la oscuridad brillaba como el último carbón encendido del infierno, como la última alma solitaria en medio de la eterna nada.
Era como si fuera de esas cuatro paredes no existiese nada, y así era en realidad. Por que detrás de esas gruesas paredes, más allá de esas pesadas cortinas, no había nada para mi, ni lo hubo nunca... "lo habrá algún día?" Me pregunté entonces de manera sincera, pero inmediatamente sonreí con sarcasmo, sobre la improbabilidad de que eso sucediera.
Hacía tanto tiempo, que ya había olvidado cual era el olor de ese incienso, ahora, siendo ese mi última posesión, lo disfrutaba lentamente, como quien saborea el último platillo o la última noche de amor, antes de ser ejecutado. O supongo que así debe de ser... ahora que lo pienso, es necio suponer la forma en que se disfrutan y se saben esas cosas si realmente nunca se han experimentado, y quien lo haya hecho, probablemente jamás pueda trasmitir ese sentir a nadie.
Sin embargo, creo que así se debe saborear... si, así debe de ser.
Hace días que di mi última comida: atún sin mayonesa... que horrible. Si hubiera sabido que sería lo último que comería, jamás habría comido atún en mi vida... pero no por que lo odiase... si no por que así me llevaría el sentir de que lo último que comí fue algo nuevo.. algo original, y habría roto un poco la rutina que me había impuesto la necesidad desde hace tiempo, la de ir agotando todo lo que conocía y tenía, saboreándolo por última vez. Incluso eso me daba más nostalgia en el momento, y me sigue dando ahora, cuando recuerdo haber gustado los mismos labios por última vez.
Tal vez... por eso olvidé cual era el aroma del incienso. Y en la oscuridad encendí mi lámpara para ver como el humo subía por mi habitación, como acariciando el tiempo, que se había detenido para gustar de tan suave goce. Porque... el humo, por si no lo sabían, es un gran amante, y un gran amigo, consejero y amigo (si, dos veces) ¿Por que lo digo? ¡por que así debe de ser! si no, hubieran sido estúpidos todos los que a él recurrían cada cierto tiempo como sano hábito.
Cambiando de tema, que despejada esta la noche, incluso de estrellas, al parecer hará buen clima cuando exista nuevamente un mañana. ¿Por que siempre se habla del clima? a nadie le importa realmente.
Grito, salto, me muerdo la lengua, sangro. A nadie le importa ni nadie puede verme u oírme. Afuera, en el silencio, no existe un ojo o un oído que puedan percibirme... tampoco una piel a la que pueda acariciar, ni un alma por la cual pueda yo sacrificar mi alma, ya no la hay...
¿pero que digo? si ya una vez vendí mi alma, aquella noche en que brillaban las estrellas, y en medio de la velocidad y el viento yo lloré, lloré por alguna mujer, entre tantas, que había cautivado mi corazón. Pensé en su bienestar, y su hermosa sonrisa, en su futuro y en la eternidad, y entonces di para su salvación mi alma. Y después, ¿que pasó? lo único que puede suceder después de aquello, pero ustedes, quienes no pueden leerme, ya saben aunque aún no se lo hayan planteado nunca. Por que aprender es recordar, ¿o no?
No queda otra cosa que dormir, repitiéndome, antes de perder la conciencia, que podré alejarme de todo esto, vivir una vida tranquila y encontrar aquello que no poseeo, aquello que nunca tuve realmente y que nunca he visto, pero que a pesar de eso lo sé a la perfección, incluso tengo en mi mente la forma en que podré saborearlo por primera vez y la manera en que al final disfrutaré como despedida, de esta vida y de todo, por que ahí, en ese lugar, pasaré inmediatamente de ninguna parte a todos lados, y será como cuando., hace mucho, fui feliz.
¡oh! mira, como sube el humo...
¡oh! mira, como sube el humo...
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