Todo es sólo una ilusión, sólo un suspiro. Pero aún dentro de las ilusiones y alucinaciones hay dolor, hay placer.
Como si las estrellas salpicadas en el cielo realmente fueran fogatas que alguien encendió, al rededor de las que se cuentan historias de miedo y esperanza, de felicidad y dolor; en una noche fría, eterna, en la que algún día a todos nos llega el momento de dejar de soñar.
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